sábado, 29 de septiembre de 2018

Domingo de Resurrección



Norma Romero
Domingo de Resurrección

Este domingo, al despertarme en la mañana, al punto recordé el sueño extraño y tal vez milagroso, que había tenido: me encontraba rodeada de personas, de rostros no identificados y de un Angulo  del círculo surgía una voz atronadora que iba desgranando inconcebibles acusaciones; parecía que se estuviera llevando a cabo un juicio, pero no veía  al acusado ni al abogado defensor; de repente me sentí ligera ,levitando, invadida por una inefable sensación de paz y éxtasis.

No sé en que momento volví en mí y … ya no se escuchaba la estridente y acusadora voz, seguidamente me invadió un invencible aburrimiento. Luego, al despertar, tuve presente que era domingo y estaba finalizando la Semana Santa.

Aún, adormilada seguí meditando sobre esa sensación que, en ocasiones, me invade de vivir en un mundo paralelo, o entre representaciones, caminando a tientas para tratar de encontrar algo tangible y no meras imágenes.

Evoqué, con dulzura, al ángel de baratija que había comprado en memoria de Las Elegías de Rilke; un ángel con su trompeta, al que imaginé estaría llamando a las almas a su resurrección.

Y…Hoy es : Domingo de Resurrección.

Un crimen de odio

Norma Romero 1984 – George Orwell Un crimen de odio Hace muchos años, cundo aún no estaba de moda en el país los llamados “Crímenes de odio”, ocurrió que asistí, en la Universidad, a la clase de un profesor de literatura (que ingenuamente, admiraba). Este nuevo Virgilio, nada más sentarme en el pupitre, derramó sobre mi el “gran raudal de su oratoria” , con acusaciones y epítetos falsos e infames, el más suave fue llamarme retardada mental. Aparentemente, como un segundo Diablo Cojuelo, había levantado los techos de las casas descubriendo inocentes secretos de sus habitantes y convirtiéndolos en pecados perversos de los cuales me acusó, públicamente, aupado por sus cómplices. Yo era ( y soy) una ferviente idealista, defensora de la libertad de conciencia e ideas y quizás, por lo mismo, no estaba afiliada ( ni estoy) a ningún partido político. En esos momentos estaba preparando una tesis que versaba sobre el Amor de acuerdo a Sócrates según la mirada de Platón. Dicho profesor, al parecer, le profesaba admiración a Robespierre, y nada más informarse sobre el trabajo que estaba realizando y que pensaba asistir a su clase, ( En el ambiente universitario no es difícil informarse sobre intereses académicos) preparó su trampa. No me introdujo ratas en la boca, según algún clásico manual del torturador, porque estaba impedido de hacerlo. Y así transcurrieron 45 minutos, yo esperando que comenzara la clase, y él, quizás, esperando ( en medio de su diatriba) que yo diera voces, clamara al cielo por tanta infamia, sollozara en forma incontenible, desgarrara mis vestiduras, me cortara las venas, etc. Pero yo creo, que, piadosos, los dioses descendieron sobre mi, pues no atiné a decir nada y frente a las acusaciones inconcebibles del tribunal de Robespierre me invadió un incontenible aburrimiento y sólo deseaba que empezara la clase y concluir mi tesis sobre El Amor.