domingo, 13 de noviembre de 2022

Sodoma y Gomorra

Norma Romero

Sodoma y Gomorra


Mis reflexiones sobre la Justicia.


Según las  Escrituras Sagradas,  Jehová hace llover azufre  y fuego sobre Sodoma y Gomorra por su impiedad ,maldad  y sodomía, y por no haber encontrado tan siquiera, doce justos por los cuales se pudiera justificar perdonar las  ciudades .


Y, me pregunto: ¿ Porqué tanta furia divina,? ¿acaso Dios no hizo al hombre, al ser humano, a su imagen y semejanza? ¿Acaso los pecados del hombre no son los pecados de  Dios?


Debido a lo cual, tampoco, en el transcurso de mi vida he podido encontrar doce seres justos;  justos que no creyeran  afirmaciones calumniosas sobre mi persona  y tomaran en consideración las tres recomendaciones de Sócrates sobre el chisme: ¿lo que me cuentas es  verdadero,  útil,  bueno?


Un detractor afirmó, tiempo atrás, que yo era una espía copeyana; tal calumnia corrió por todo el orbe, hasta el infinito, trayéndome mil contratiempos, amarguras y angustias:  escuchas telefónicas  alteradas, algunas de las cuales, mediante un ardid,  hicieron escuchar con sobrada malicia, a mi anciana madre, quien casi cayó en cama del disgusto;  amenazas,   justificado temor  por mi familia,  intentos de violación de los cuales pude escapar raspando, traiciones de falsos amigos, irrespetos.  La Ley y el Orden estaban ausentes, solo  existían y existen iluminando  series de televisión.


Nunca he tenido vocación por el espionaje, me he limitado a mi trabajo honrado , sin aceptar prebendas de ningún tipo,  ni compromisos políticos que hipotecaran mi lealtad hacia valores que me identifican. 


 Me acompañó en esta, interminable, travesía por tierra de nadie,  la fuerza moral, heredada de un hombre justo : Mi Padre.


Una tarde de octubre, 2022



martes, 10 de agosto de 2021

Confesiones de un psicótico


Norma Romero

Confesiones de un psicótico


La verdad es que nunca estuve seguro de mi sexo, a pesar de los exámenes médicos a los que me sometí debido a mi obsesión por tener alguna certeza sobre mi organismo. Cuerpo y no organismo diría Lacan.


También debo decir que siempre me han considerado un tipo raro: ni hetero, ni homo, ni trans, ni un legendario hermafrodita, ni ningún otro adjetivo propio de esta época de fácil modificación del organismo: hormonas, cirugías,  trasplantes y más  yerbas, además de terapias tipo budismo zen; aquellas en que  un maestro iluminado te da un mazazo en la cabeza y obtienes la iluminación y certeza que persigues.


¡Un tipo raro!, El epíteto me lo han arrostrado a la cara, empezando por mi propia familia, lo que ha generado  mi búsqueda de explicaciones, fallidas, al tratar de explicarme el porqué. 


Quizás, por no ser chatearmente sociable y  negarme  a conversaciones banales sobre los desvaríos y charadas de los políticos al cuarto; o a aquellas, propias del mero macho, es decir a no largarme a hablar sobre las mujeres y la manera más rápida de acceder a su sexo y al esperado goce y lujuria, sin olvidar la mágica pastillita que  soluciona cualquier temido fracaso.  O extasiarme con los videos donde, al compas de la música, atractivas y sensuales féminas mueven de manera vertiginosa sus rotundos, gigantescos y magníficos traseros. No voy a negar, que, a pesar de  mi  neutra y sesuda observación algo se me  comienza a erizar, ahí,  abajo.


¡Raro! porque a los dos tragos me enredo en una charla sobre la Gran Iluminación que prescinde de los cuerpos y  otras ocurrencias que se van hilvanando en mi frenético delirio. 


Una vez hasta me enamoré de mi imagen en el espejo y por ello siempre porto un espejito en el bolsillo.



Agosto, 2021


jueves, 29 de julio de 2021

Cartas a un joven poeta



Norma Romero

Cartas a un joven poeta


  París,  17  de febrero de 1903


Distinguido señor mío:


  Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza.  Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica.


No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices.  Las cosas no son todas tan palpables y decibles como  nos querrían  hacer creer  casi  siempre;  la mayor parte de los hechos son indecibles,  se  cumplen  en  un  ámbito  que nunca ha hollado  una  palabra; y lo  más  indecible  de todo  son  las  obras  de  arte,  realidades  misteriosas,  cuya existencia  perdura  junto  a  la nuestra,  que  desaparece.


                             _______o______

Pregunta  usted  si sus versos  son  buenos  Me lo pregunta  a  mí.  Antes ha preguntado  a  otros.  Los envía usted  a  revistas.    Los compara  con  otros  poemas,  y  se  intranquiliza  cuando  ciertas redacciones  rechazan  sus  intentos.  Ahora  bien  ( puesto  que usted  me  ha  permitido  aconsejarle ),  le ruego  que  abandone  todo  eso.  Mire  usted  hacía  fuera,  y  eso,  sobre todo,  no  debería  hacerlo  ahora.  Nadie  puede  aconsejarle  ni  ayudarle,  nadie.   Hay  sólo un  único  medio.  


Entre en  usted.  Examine ese  fundamento  que  usted  llama  escribir;  ponga  a  prueba  si  extiende  sus  raíces  hasta  el lugar  más  profundo  de su corazón;  reconozca  si  se  moriría  usted   si se le  privara  de  escribir .  Esto,  sobre  todo:  pregúntese  en  la hora  más  silenciosa  de  su  noche:  ¿ Debo escribir?  Excave   en  si  mismo,  en  busca  de  una  respuesta  profunda.  Y  si  ésta  hubiera de ser  de asentimiento,  si  hubiera  usted  de enfrentarse  a  esta  grave  pregunta  con  un  enérgico  y sencillo   debo,  entonces  construya  su vida  según esa  necesidad:  su  vida,  entrando  hasta  su  hora  más  indiferente  y  pequeña,  debe ser  un  signo  y  un  testimonio de  ese  impulso.   


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              Con toda cordialidad y simpatía 


                                     Rainer María Rilke



En este mayo 2021, vitalizo mi alma  releyendo a Rilke


Don Quijota

Norma Romero


Las aventuras y desventuras de Don Quijota de la Mancha. 


Crecí leyendo cuentos de hadas y  en toda mi infancia solo tuve noticias de  seres fantásticos como, el hombre invisible, las sirenitas, Caperucita Roja, los viajes de Gulliver; contribuyendo a mi  adocenada cultura las encantadoras leyendas del   Amor Cortés, con sus hermosas y tímidas doncellas, y los torneos  entre valientes caballeros. Tampoco se me escatimó  pedagógicos ejemplos de cortesía  y buenas costumbres, como el Manual de Carreño, ni se me privó del  horror de las películas de Franskestein , quien en un final tardío asesina a la niña que le regala una rosa.


Con tal bagaje, al terminar la primaria  y continuar la secundaria me asombraban algunos profesores, que al impartir las clases, parecían que estaban descifrando  del sánscrito los pergaminos de Melquíades y no tenían la soltura del bueno de Gulliver.


Por entonces mi primera dramática aventura fue la selección de ¿Qué hacer en mi futura vida?; Se encontraba en mi clase un muchacho maravilla, quien  siempre sacaba veinte,  en particular en química y física, lo que me producía profunda admiración  y como en lo único que yo no tartamudeaba era en  materia de humanidades, vino en mi ayuda vocacional un viejo profesor que hablaba con desbordante emoción de la complejidad psíquica,  me dije : “esto es lo mío”  y a ello me dirigí.


El primer sitio donde aterricé al  recibirme fue en un enorme y viejo hospital, donde se observaba un obligado silencio y  reverenciados códigos; me asignaron el lado izquierdo donde se atendían enfermos con fantásticos delirios y donde se presentaba y se escondía, a intervalos, un escurridizo gato que daba un toque amable e irónico al gris ambiente, idéntico al gato que presenta Lewis Carroll  en Alicia en el país de las maravillas.


Durante ese tiempo, que podría tildarse de aprendizaje y crecimiento, hubo amargos incidentes  sin dejar de lado  satisfacciones, pero, también momentos en los que me debatía como Odiseo entre Escila y Caribdis por ejemplo: renunciar y volver fracasada a la casa paterna o  continuar ,libre,  en el camino, de mil acechanzas que rodean a una mujer, para ganarse el pan con el sudor de la frente. 


 Anécdotas infelices: un compañero del personal masculino, apreciando mi juventud, me hacía, en  ocasiones, maliciosos y poco ortodoxos comentarios sin venir a cuento, que me hacían sentir incomoda y sin saber que responder, -odiaba las discusiones -; entonces  prefería pasar por idiota o mujer versada en mil lances, incluso es posible que se llegara a la conclusión que yo era la encarnación de Justina,  personaje del Marqués de Sade .


Hubo situaciones complejas a  nivel  burocrático, extrañas para mi. En realidad durante ese año de mi debut siempre me sentí como Alicia cayendo por el  agujero, sin saber, exactamente, como actuar a pesar de mi fervor de novicia.


Al cumplirse dos años me fue angustiando  más la atmósfera de ese lugar y resolví agarrar mis petates y largarme   de tan agotador ambiente contando sólo con mis exiguos ahorros y la expectativa de un trabajo en diferente sitio. Cambiar de amo como El Lazarillo de Tormes.


 Después, la necesidad  de realización me llevó a  parar a  un lugar  de múltiples oficinas, donde  apreciaban mis servicios,  y en el cual,  por bondad del destino, trabé relación mística con un Venerable, quien, posteriormente, fue llevado a los altares. Vinieron otros amos poco amables y por absurdos motivos políticos  tuve que abandonar la labor y la pequeña oficina donde me iba muy bien entrevistando, a  seres inconformes con su vida e ingresos.


Continuara.


Pero antes debo advertir que esta Doña Quijota, hasta el momento, nunca se ha enfrentado audazmente a Los Molinos de Viento.


Veinte años despues

Norma Romero

Introducción


Entre  la Guerra y la Paz siempre hay Repetición porque todavía existen los verdugos. También podría llamarse Crimen sin castigo, o, La historia de un complot o,  Las Madres de la plaza de Mayo; porque, como dice Nietzsche:  “ EL pensamiento es un asaltante, que viene en cualquier momento sin ser convocado”


Repetir, siempre  se debe repetir,  cada vez que  se encuentren victimas,   injusticia  y  violencia  contra la mujer


Veinte Años Después

No, no se trata de la novela de Alejandro Dumas (padre)  sino del sorpresivo encuentro de una víctima con su  verdugo, veinte años después, y de las emociones que la asaltaron ante la visión del ser de quien fue inocente víctima.


Lo tropezó en un pasillo cualquiera de la Universidad,  ya despojado de su brillante plumaje y  medio derrumbado sobre uno de los asientos de la hilera que se encontraba en el pasillo y   casi sintió lastima por ese anciano, derrotado por los años, que manchaba con su contacto una corona de laurel .


Lo miró directo a los ojos, ella siempre mira a los ojos.


La vejez es siempre respetable como cualquiera de las estaciones que componen la vida, pero sólo si se trata de una ancianidad no acompañada de una existencia  marcada  por una rutina de horror,  de indignidad y vileza 


Como el episodio protagonizado por él,    hace veinte años,  en un aula de clase, donde la  atrapó, torturándola durante 45 minutos, difamándola públicamente con falsos testimonios y grabaciones alteradas obtenidas a través de ilegal espionaje. Siempre protegido por su militancia que la había señalado como objetivo militar.


Quería despojarla de su dignidad,  llevarla al límite de la desesperación , una desesperación que la indujera a la muerte, al  suicidio. Un crimen perfecto que no levantaría sospechas.


Ella lo miró  directo a los ojos, no dijo nada


Los psicólogos afirman que los torturadores se hunden en una rutina de horror en las que hieren o mutilan a otro ser humano ajenos a los gritos y sufrimientos de sus víctimas.


Veinte años después, ella, la víctima,  exhibiendo ya un cabello encanecido, volvió a encontrarlo, de repente, en ese pasillo universitario y como antaño lo miró  directo a los ojos con una mirada luminosa que gritaba: ¡Estoy aquí!,  ¡Sigo en pie! ¡Como sigue en pie el país a pesar de todos los  verdugos que lo acosan¡



Mayo, 2021


Julio,2021


Un Rompecabezas

Norma Romero

Memorias de Valera

Tercera temporada ( continuación)


Prometí una continuación, pero, ahora, no sé como seguir, porque esa temporada donde me limitaba, fundamentalmente, a  caminar de mi casa al hospital y  viceversa,  viene a presentarse como una estructura lacaniana,  con un hueco en el medio,  un agujero, un espacio vacío, que por más que lo intente no consigo rellenar.  Un  rompecabezas  al que aún  le faltan piezas.


Echando mano a la literatura para tratar de ilustrar lo que  he  bautizado como:  “mi novela negra”,  he revisado varios títulos de Poe, por ejemplo: “El tonel de amontillado, donde se desarrolla un tema  en el cual predomina la venganza;  pero venganza de:  ¿Quién? y ¿Por qué? Sólo desempeñaba lo mejor posible mi trabajo atendiendo  pacientes y  además  conocía muy poca gente.


Otro título, “El gato negro ,“ pero, en mi situación no hubo tal violencia física, sólo  una  maligna atmósfera de acoso psíquico;  atmósfera contra la que no podía luchar, ni entender y que se prolongó mucho tiempo, luego de mi partida de la ciudad.  Por el contrario, el joven Hans Castorp  si estuvo consciente de que combatía en un guerra sin cuartel.


Veamos, ahora, otro título clásico de Poe:  “ EL corazón delator”,   aquí encontramos un toque de locura,  crimen, culpa y confesión,  por lo que se debe examinar con mayor detenimiento: ¿Qué  ocurre en la psiquis de un individuo, preso de   una particular obsesión, que lo lleva a matar a un pobre viejo indefenso, descuartizar el cadáver y esconderlo bajo las tablas de su cama?  Locura,  obsesión,  crimen, culpa y confesión.


Por supuesto, lo relacioné con la situación que viví a lo largo de años y de la cual fui victima, aunque no estuviera mi cuerpo escondido  bajo unas tablas, ni descuartizado.  Se quiso descuartizar mi ética y  moral.


Posiblemente se me  pueda acusar de que mi relato resulta ambiguo y falto de detalles, pero,  resulta así,  por lo  afirmado  anteriormente; me refiero a que aún me faltan algunas piezas del rompecabezas;  pero en este tramo de mi vida, solo me resta el asombro. 


No dejo de asombrarme ante las torturas, los conflictos de todo tipo: físicos, sociales, psicológicos,  que abruman la existencia humana por el mero hecho de existir.   Pero, aunque el peso sea enorme, se deben poner en juego todos los recursos  para seguir respirando y  poder disfrutar de algún goce.  


Eso espero, aunque la esperanza pueda ser vana.


A puerta cerrada

Norma Romero
A Puerta Cerrada

A Puerta Cerrada, es una obra de teatro escrita por el filosofo y escritor francés Jean-Paul  Sartre , durante la ocupación alemana de París en 1944  a pocos años del final   de  la Segunda Guerra Mundial.

En esta obra destaca su famosa cita:  “ El infierno son los Otros”,  en la que, aparentemente,  no  trata de  dar a la palabra  “Otros” un sentido abstracto y metafísico, sino señalar que se refiere concretamente al ejercito alemán que ocupa París. 

Síntesis del argumento de la obra
Un camarero introduce a un hombre llamado Garcín en un cuarto, que el público pronto identifica como el infierno. El camarero sale y vuelve con una mujer, Inés, y posteriormente con otra, Estelle. El camarero sale por última vez y la puerta es cerrada con llave.
Todos esperan ser torturados, pero no aparece «verdugo» alguno. En lugar de ello, descubren que están ahí para torturarse entre sí. Van repasando su vida y confesando progresivamente los actos que les han llevado al infierno. Al final de la obra, Garcín exige salir; tras decirlo, la puerta se abre, pero ninguno sale, ya que se dan cuenta de que no pueden vivir los unos sin los otros.

Con la distancia del caso, estos actos de confesión, me llevaron a recordar un hecho reciente, del país, en  el cual un miembro de un partido político pidió perdón, ante  gobernantes  del país por hechos del pasado  de su propio  partido, que calificó de delictivos. Con cámaras de televisión presentes. Hecho público y notorio.

Puedo darme cuenta, de que la obra A puerta cerrada explora el concepto Psicológico, sociológico y filosófico de la influencia de la mirada ajena en la psique personal. Se parte de la idea de que la mirada del otro es aquello que desnuda, muestra al otro la realidad de nuestro ser. Y a partir de ésta, el individuo es juzgado y condenado. 

¿Qué mostró la confesión pública, de que hablo, y cuál debe ser nuestro juicio y condena?   El juicio y condena de los conciudadanos, no me refiero a los gobernantes que, me imagino, tendrán el suyo

Los protagonistas de A puerta cerrada son sus propios verdugos. Tienen la mirada clavada y constante en sus compañeros,  y entre ellos se juzgan sin piedad colocándose, por tanto, en una dependencia total respecto del Otro y entonces, en efecto, están en el infierno.

También me lleva a reflexión  la conclusión de la obra, que es cuando finalmente, se dan cuenta que no pueden vivir los unos sin los otros.: En nuestro país, concretamente, ¿Quienes no pueden vivir los Unos sin los Otros.?

Y, para nosotros, aquí, en nuestra “Puerta Cerrada,” quienes son los “Otros” que hacen del país un infierno.

Y Nosotros ¿Porqué estamos en el infierno? 




Julio, 2021