sábado, 24 de octubre de 2020
El jardín encantado
Norma Romero
Un Jardín encantado
El machete tota moma cuidao te tota ( traducción: el machete corta, Norma, cuidado te corta)
Así avisaba mi hermanito cuando me veía jugando en el jardín con el machete que, por algún descuido, había quedado sobre el terreno; Él aún no pronunciaba bien y en su media lengua me advertía del peligro. Menor que yo, lucía hermosos bucles castaños que eran mi envidia.
Nuestro jardín no era comparable al jardín, italiano, de los Finzi Continis, simplemente era un gran patio de tierra con diversas plantas, tiestos distribuidos al azar, plenos de flores silvestres, una caseta para materiales de jardinería al fondo y un azulado tanque de agua.
Para nosotros era un mundo, juntos solíamos recorrerlo curiosos de alguna novedad, poblándolo de ensueños, de seres fantásticos, hasta que la llamada materna ponía punto final a la imaginación. Un realismo mágico parecido a cuando Balzac moribundo murmuraba : “Volvamos a la realidad, hablemos de papá Goriot” refiriéndose a uno de los personajes de su novela La Comedia Humana.
A mi hermanito le encantaban las luciérnagas y apenas veía una se me acercaba y la señalaba alborozado. Las perseguía queriendo atraparlas y gritaba: “ Callitos de lu, callitos de lu “ (traducción: caballitos de luz). Instalada en mi papel de mayor me permitía compartir su alborozo con comedimiento, sin jactarme de ninguna superioridad.
Vivíamos cerca de un puerto de mar; a veces nos vestían con trajes marineros y nos llevaban a pasear al puerto; entonces soñábamos que viajamos en un gran barco, un trasatlántico, aunque todavía no conocía ni pronunciaba esa palabra tan gorda, y enseguida tratábamos de fabricar barquitos con pedazos de corteza caídos y algún resto de periódico que había por ahí.
Un anochecer contemplamos una insólita maravilla: miles de luciérnagas se habían apoderado del jardín e iluminaban con sus danzantes luces la incipiente oscuridad; todo un espectáculo que ahora resulta imposible decir cuanto duró, pero nos mantuvo en suspenso una eternidad, muy quietos, sin atrevernos a decir una palabra. La eternidad de la niñez
Pero, un octubre se terminaron las vacaciones y mi hermanito salió para kínder y yo para segundo. No volvimos nunca más a contemplar la danza de las luciérnagas.
sábado, 13 de junio de 2020
Veinte años después
Norma Romero
Veinte Años Después
No, no se trata de la novela de Alejandro Dumas (padre) sino del sorpresivo encuentro de una víctima con su torturador veinte años después, y de las emociones que la asaltaron ante la visión del ser de quien fue inocente víctima.
Lo tropezó en un pasillo cualquiera de la Universidad, ya despojado de su brillante plumaje y medio derrumbado sobre uno de los asientos de la hilera y casi sintió lastima por ese anciano derrotado por los años que manchaba con su cabeza una corona de laurel .
Lo miró directo a los ojos, ella siempre mira a los ojos.
La vejez es siempre respetable como cualquiera de las estaciones que componen la vida, pero sólo si se trata de una ancianidad no acompañada de una existencia marcada por una rutina de horror, de indignidad y vileza
Como el episodio protagonizado por ese monstruo , hace veinte años, en un aula de clase, donde la atrapó, torturándola durante 45 minutos, difamándola públicamente con falsos testimonios y grabaciones alteradas obtenidas a través de ilegal espionaje. Siempre protegido por su militancia que la había señalado como objetivo militar.
Quería despojarla de su dignidad, llevarla al colmo de la desesperación , una desesperación que la indujera a la muerte, al suicidio. Un crimen perfecto que no levantaría sospechas.
Ella lo miró directo a los ojos, no dijo nada
Los psicólogos afirman que los torturadores se hunden en una rutina de horror en las que hieren o mutilan a otro ser humano ajenos a los gritos y sufrimientos de sus víctimas.
Veinte años después, ella, la víctima, exhibiendo ya un cabello encanecido, volvió a encontrarlo, de repente, en ese pasillo universitario y como antaño lo miró directo a los ojos con una mirada luminosa que gritaba: ¡Estoy aquí!, ¡Sigo en pie! ¡Como sigue en pie el país a pesar de todos los torturadores que lo acosan¡
Suscribirse a:
Entradas (Atom)