sábado, 30 de diciembre de 2017
El Aula nùmero trece
Norma Romero
El Aula Número Trece
Al fondo, de uno de los largos pasillos de la facultad, se encontraba situada el aula, que arrastraba además del número trece una singular aureola; ya me habían prevenido: “el que entrara en esa aula estaría condenado a perder los recuerdos.”
Nunca había pretendido ser como Funes el memorioso, además no creía mucho en consejas, ni me sentía angustiada por banales olvidos, pero me intrigaba el origen de esa oscura fama: ¿qué habría ocurrido en esa aula? ¿quizás algún hecho infame, que aún impregnaba los inocentes pasillos?
Al parecer durante décadas se habían mantenido variados comentarios. Contaban que allí acostumbraba dar clases un viejo profesor, de no sé que disciplina, hasta que ocurrió un suceso, que nadie tenía claro, porque un extraño olvido había arrasado la memoria de los participantes de la última actividad, que allí se celebró.
El profesor había desaparecido, entre murmuraciones, con destino desconocido. Se hablaba de venganzas, ¿habría estado celebrando tales pasionales ritos? Todo ello dio pábulo a disparatadas elucubraciones, en las cafeterías de la facultad.
aquella tarde, llevada por mi curiosidad, me había aproximado al pasillo, contiguo a la sala; a esas horas estaba todo muy silencioso. Caminé unos escasos metros y enseguida percibí la puerta del discutido salón con su pequeña ventanita de cristal azulado y el número que lo identificaba.
Agarré el niquelado pomo de la puerta, que para mi sorpresa no estaba cerrada con llave, quizás los vigilantes se habían olvidado del detalle, y tomé la lamentable decisión de entrar al espacio prohibido.
Pensé que lo encontraría desierto pero, ¡oh, indescriptible sorpresa¡ enseguida comencé a oír sonidos obscenos, dirigidos a mi persona, y empezaron a desfilar, ante mi mirada atónita, multitud de figuras extrañas y fantasmagóricas como fuegos fatuos, y también escenas de torturas medievales; horrorizada permanecía paralizada: todo se sucedía tan rápido que no alcanzaba a comprender nada.
Sobre los sonidos se superponía una voz retumbante que parecía orquestar el aquelarre, junto con otras que le hacían coro.
Luego de un tiempo imposible y desesperante me encontré -ignoro como- fuera del escalofriante recinto; automáticamente mire mi reloj y advertí que habían transcurrido 45 minutos, exactamente la duración de una clase, y… tan solo imágenes borrosas cruzaban mi mente; se había cumplido la profecía: no recordaba con certeza lo ocurrido.
Permanecí mucho tiempo, desplomada, en uno de los asientos cercanos, tratando de comprender, pero el vacío de mi mente solo me devolvía el estupor y es ahora - ¡tantos años después¡ - con la colaboración del tiempo, que mi memoria me permite tratar de hilvanar que me sucedió en esa aula, actualmente clausurada.
Y recuerdo a Borges y su sentencia: “Cada día es distinto y tal vez cada hora”. Solo espero que el tiempo me traiga recuerdos menos tenebrosos.
martes, 31 de octubre de 2017
A la sombra de las muchachas en flor
Norma Romero
A la sombra de las muchachas en flor
Muchas veces cuando me asomo al balcón y veo pasar el enjambre de liceístas, con sus bromas y risas, recuerdo a Proust, quien en su Busca del Tiempo Perdido, rinde un homenaje a sus muchachas en flor.
No se puede dudar que, en la juventud, muchas veces se originan creencias que tienden a mantenerse más allá de la vida y más acá de la muerte; creencias que se encallan en la memoria y resisten cualquier embate de la realidad.
Hace poco, me golpeó la realidad, cuando, al despedir a una joven pareja y observarla alejarse en el coche, mi memoria dio un salto y retrocedió a una lejana noche en la, que, desde una terraza, vi pasar ante mi mirada apasionada, a otra joven pareja y de aquella escena móvil sólo pude captar, entonces, lo que anhelaba, y, ahora, en este mediodía, de pie en la calle, entiendo, finalmente, el mensaje que dormía encapsulado en el tiempo.
Había estado soñando un pasado que ya era sólo la historia de otra persona, sin embargo la imagen de aquella joven me conmueve y le hago, desde mi precario equilibrio, un afectuoso ademán de despedida.
sábado, 28 de octubre de 2017
La pulsera
Norma Romero
La pulsera
Cuando me encontré, un abril, la rutilante pulsera, brillando entre ese montón de tonalidades amarillas y naranjas, que hablaba de un mágico otoño volcado en el verano, imaginé que ese circular objeto, te nombraba.
De pie ,en el parque, evoqué aquella frase: “ El recuerdo no viene al hombre así de frente, viene por las esquinas, dando rodeos”, y de esa manera me habían ido sobresaltando tus recuerdos, de a poco, dando rodeos, Despacito, como el título de la canción de moda que se escuchaba todo el tiempo en la radio. Esa pulsera me traía una imagen, que, en apariencia, no tenia nada que ver, igual que los secretos que guardaba la luna.
En realidad no la encontré en el parque, - no soportaba que su hallazgo se diera en circunstancias tan anodinas y embellecí ese descubrimiento- la hallé en la alfombra de mi oficina una mañana de julio, y la guardé pensando en devolverla, alguna vez, a su desconocida dueña por lo que publiqué avisos. Todo inútil.
Nunca pude entregarla y permaneció conmigo adornando mi muñeca durante las primeras Oposiciones que presentè en la universidad, durante la celebración de algunos éxitos, en algunos momentos sorprendentes, siempre conmigo. Pensando en encontrarte en algún mágico verano del futuro.
Pero el futuro y el verano pasó y nada ocurrió ,por lo que una noche, despechada, arrojé con furia la pulsera a la calle para que algún otro adorador de la luna , ingenuo o perverso, loco o cuerdo, la encontrara.
domingo, 15 de octubre de 2017
SHEREZADE
Norma Romero
Sherezade
No sé como empezar esta historia, me lo dificulta el tiempo transcurrido, que ha hecho que los sucesos cobren un tinte de leyenda y además carezco de los recursos de la princesa Scherezade, la celebre esposa del sultán.
Contiene un Él y una Ella, lo que no la hace una historia singular: Él se convirtió en psiquiatra, Ella se enfermó. Nada notable tampoco.
Eso ocurrió hace montones de años, cuando las arenas doradas del desierto no existían, tan sólo los inmensos océanos bañando un universo recién nacido y yo trataba de escribir.
Pero, en ese entonces, cayó sobre mi un velo, que no fue el Velo de maya, sino el velo de una pueril y sempiterna ilusión y una situación que no tenía la belleza de una tragedia griega, fue transformada en algo poético y hermoso.
Él se convirtió en psiquiatra, Ella se enfermó.
¿Se enfermó? Si , de otra manera ,como explicar tanta obsesión y permanencia a través de cien mil días y otras tantas noches, entre luminosas actividades como ensartar con agujas de plata las nubes presurosas.
Y, ¿Qué hace un psiquiatra en este desquiciado y terrenal mundo? Quizás amontonar historias muertas e ir envejeciendo sobre anacrónicas páginas y desvaídos y apagados murmullos. La imaginación agoniza tratando de develar que sucedió con Él.
También ignoro como finalizar esta fábula, que, quizás se adentre en un libro de cuentos para niños.
domingo, 1 de octubre de 2017
Un caminar en penunbras
Norma Romero
Un caminar en penumbras
Ana, en la penumbra de la sala, caminaba con dificultad temiendo tropezar a cada paso, sentía que desde el fondo de esa oscuridad, unos ojos vigilantes, la observaban; unos ojos infantiles muy parecidos a los suyos, que en ocasiones, se tornaban acusadores, la acusaban de traición, de indiferencia, de no sé que…
Casi sentía la oscuridad resbalando suavemente sobre su piel y bajo el peso de esa mirada y su temor de caer, trataba de reflexionar sobre en que consistiría la acusación de esa niña ¡Tantos años después! Y de pronto le asalto un pensamiento, quizás la acusaba de la no aceptación de su feminidad, de no haber podido florecer… en fin… quizás sería eso y se prometió repensarlo.
Podría ser, que cuando se sentía triste se asemejaba a Susana San Juan, la mujer de Pedro Paramo; la familia se aterrorizaba de verla permanecer en ese estado y la forzaban a realizar infinidad de cosas para alejar la pesadumbre; quizás la niña la acusaba de enmudecer su alegría.
Una vez le dijeron que había estado grave, muy grave, pero ella nunca lo vivió así; se había sentido casi igual que estando despierta: el mismo ventanal con cortinas escarlatas, los mismos rostros, la misma rutina, el mismo malestar, la misma arena marcando el tiempo, y su alma volando lejos, muy lejos hacía cielos que presentía tornasoles y grandes lunas negras. Un espejo oscuro le devolvía su silueta en la cual se iba produciendo una lenta metamorfosis que la confundía: estaba envejeciendo y los ríos de leche y miel prometidos no le habían llegado.
viernes, 1 de septiembre de 2017
El Conde de Montecristo
Norma Romero
El Conde de Montecristo
En estos días he estado releyendo El conde de Montecristo, obra, de más esta decirlo, del gran novelista francés Alejandro Dumas.
Es una lectura fascinante, de rica y vibrante prosa donde se narran las aventuras y desventuras de Edmundo Dantes, que pasa a llamarse más tarde El conde de Montecristo.
La trama es sencilla y el ambiente en que se desarrolla es la Francia del siglo XIX, que ya ha pasado por la Revolución Francesa y la gestión de Napoleón Bonaparte.
Edmundo, es un joven e inocente marino que es traicionado vilmente por sus supuestos amigos por motivos inconfesables, entre otros: codicia, envidia y celos. Le tienden una trampa y a consecuencia de ello es enviado a una horrenda prisión situada en un castillo de una isla solitaria, donde pasa catorce años de incontables sufrimientos, uno de ellos es no saber de que se le acusa. ( algo Kafkiano), luego se sabe que fue acusado de conspirador bonapartista y de otros crímenes políticos.
A punto de desfallecer de desesperación, logra de forma milagrosa salir de la isla-prisión y dar con un inmenso tesoro en un islote llamado Montecristo, Información que le fue suministrada por su único compañero de infortunio, un sabio y viejo abate que conocía la existencia de ese tesoro y al morir se lo comunica después de haberlo, durante esos años, instruido y deducido -sin mucho esfuerzo- que podría haber sucedido para que resultara acusado.
Edmundo Dantes toma el nombre del islote y vuelve veinte años después convertido en El conde de Montecristo, ya es todo un refinado caballero de gran sabiduría y experiencia que le costado sangre, sudor y lagrimas.
Busca vengarse de sus falsos amigos, quienes no lo reconocen, por su gran cambio; pero no pretende dañarlos de una manera soez y vulgar, solo busca justicia.
Al final lo consigue, pero su alma no queda satisfecha y considera que la justicia humana resulta muy insuficiente, y en ocasiones no se logra, por ello se consuela meditando en que existe la justicia divina, a la que quizás rendirán cuenta seres tan perversos como los que le tendieron tan infame trampa.
Ya lo dijo el profeta:” La culpa de los padres caerá sobre los hijos hasta la quinta generación.”
Ensoñacion
Norma Romero
Ensoñación
Pocas veces he estado disponible para la esperanza, sin embargo, una vez creí que el tiempo se había detenido sobre aquella ciudad de mi adolescencia poblada de utopías; la recordaba como en un sueño y cuando me visitaba el temido insomnio, le agregaba detalles nunca vistos e irrumpían intensos deseos de volver; entraba en ese ensueño y flotaba como el dios del Génesis sobre las aguas dando a cada elemento un nombre.
Luego en el acaecer del tiempo se fueron desvaneciendo los ensueños y cuando me llegó la noticia, trasmitida por algún familiar, de que, al parecer, Alfredo había fallecido; había pasado casi medio siglo y lo único que surgía nítido en mi memoria al volver a oír pronunciar su nombre, era su piel espejeante como un sol oscuro y mi casi absoluto desconocimiento de su persona., responsable de que le achacara inverosímiles leyendas
Sin embargo, reviviendo la historia, algo profundo murmura que fue alguien importante para mi, y vuelvo a sentir la humedad de aquellas lagrimas cuando supe, un día cualquiera, de manera fortuita, de su casamiento, y durante semanas me atenazó un sentimiento, que en ese tiempo, no alcancé a dar nombre; Sólo una vieja pariente había, acaso, penetrado en el misterio, cuando me encontró postrada sobre el periódico, que contenía la noticia, murmurando frases entrecortadas sobre un sol perdido. Ese suceso dotó de cierta atmosfera de fatalidad ese tiempo.
Un tiempo que no se detiene, gira sin cesar y nos lleva adelante, siempre adelante; como mi fascinación por los caprichosos mensajes de las barajas, que siempre predicen un incierto porvenir y me dicen que ya nunca lo volveré a ver.
domingo, 13 de agosto de 2017
La muñeca rubia
Norma Romero.
La muñeca rubia
Mi madre murió tranquila, pero con el rostro marcado por un insatisfecho deseo.
Mi madre era negra y en sus rasgos se presentía el antiguo tam- tam de los esclavos; siempre soñó con una hija rubia de azules ojos, sueño que a pesar de la cadena de hijos nunca se cumplió, pero persistió la infundada esperanza y comenzó a tejer innumerables muñecas rubias de grandes ojos claros de cristal; cuando tejía sus ojos adquirían el color de las nubes, el color de la niebla, el color de la nostalgia, tanto, que a mi me producían una dulce ternura y un amargo llanto.
Las rubias muñecas se amontonaban en las habitaciones en total desorden y, yo, que jamás aprendí a tejer, fabricaba inútiles barquitos de madera, para, siguiendo la ruta de mi propio anhelo, llevarlos alguna vez al lejano mar.
En la casa, de largos pasadizos , era común el estruendo de risas y peleas infantiles , la presencia de mi madre con su alta figura y su andar de apagadas pisadas imponía silencio, todos nosotros deseando escapar de esa mirada de angustiante lejanía.
Acostumbraba usar un perfume bastante intenso, igual al de una popular estrella de cine, y una gran y escandalosa pañoleta rojo escarlata , de manera que de lejos podíamos distinguirla cuando se iba aproximando a la casa, y nos daba tiempo para ir, corriendo, a cumplir nuestras pequeñas y descuidadas obligaciones.
Poco antes de su muerte nos convocó, ceremoniosamente, y procedió a explicarnos , con fatigada voz, que iba a emprender un viaje muy largo que debíamos permanecer unidos y que estaríamos bien , entregándonos al concluir un preciado bien: su gran pañoleta rojo escarlata
Ese día, dentro de su féretro le coloque una pequeña muñeca rubia ,tejida, torpemente, por mí.
domingo, 30 de julio de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
Domingo de Resurrecciòn
Norma Romero
Domingo de Resurrección
Este domingo, al despertarme en la mañana, al punto recordé el sueño extraño y tal vez milagroso, que había tenido: me encontraba rodeada de personas, de rostros no identificados y de un Angulo del círculo surgía una voz atronadora que iba desgranando inconcebibles acusaciones; parecía que se estuviera llevando a cabo un juicio, pero no podía percibir al acusado ni al abogado defensor; de repente me sentí ligera ,levitando, invadida por una inefable sensación de paz y éxtasis.
No sé en que momento volví en mi, y … ya no se escuchaba la estridente y acusadora voz, seguidamente me invadió un invencible aburrimiento. Luego, al despertar, tuve presente que era domingo y estaba finalizando la Semana Santa.
Aún, adormilada seguí meditando sobre esa sensación que, en ocasiones, me invade de vivir en un mundo paralelo, o entre representaciones, caminando a tientas para tratar de encontrar algo tangible y no meras imágenes.
Evoqué, con dulzura, al ángel de baratija que había comprado en memoria de Las Elegías de Rilke; un ángel con su trompeta, al que imaginé estaría llamando a las almas a su resurrección.
Y…Hoy es : Domingo de Resurrección.
domingo, 9 de julio de 2017
Cronicas de la escuela
Norma Romero
1.UnaComposición.
“Recojo mis instrumentos de trabajo: el gusto, la vista, el oído, el olfato y el tacto" y paso a revivir en mi memoria el recuerdo de esos años, ¿qué pasó allí,
en ese corte? ¿Cuándo pasé de estudiante feliz a escolar atormentada y mediocre?. Ya el recuerdo vino corporizado a mí: he vivenciado el dolor de mi separación de Madre Dolores y más allá de ella, pero también (ella) de mi colegio; es cierto, he olvidado los detalles, sólo resucito los sucios baños del nuevo colegio, los uniformes nada homogéneos, la indiferencia de las maestras, mi desorientación y mi soledad en los recreos.
Si recuerdo la indiferencia de las maestras es porque un detalle, importante, sobrevive aún; un detalle decisivo: un día ,desesperada, estudie mi lección; era una composición sobre el petróleo y me llevó a realizar ese esfuerzo el haber obtenido, por vez primera en mi vida de escolar, treinta puntos en la boleta , un deficiente (las notas eran sobre 100); un 30 que marcó mi caída de alumna sobresaliente a escolar mediocre.
y esa vez que estudié mi lección ¡milagro! mi maestra me estimuló diciendo: “ Muy bien, Carter (nos llamaban por el apellido) sigue estudiando y podrás aprobar el año”. No se trataba de salir sobresaliente solo, de “aprobar.”
Ese colegio desordenado, sucio, era el premio por mi diligencia en llevar a casa el recibo con el aumento de la matricula. Algo había escuchado en casa: “esas monjas son unas explotadoras, si elevan la matricula saco a las muchachas del colegio”. Entre el colegio y mi familia opte por mi familia y traicioné a Madre Dolores: me alarmé también por el costo de la matricula e hice causa común con mis padres; ¡Que escándalo, habían aumentado la matricula!
Madre Dolores y mis preguntas: ¿verdad, Madre, que existe el Niño Jesús?
Madre Dolores enseñándome a rellenar con lápices de colores las diversas figuras…
Madre Dolores defendiéndome de los empujones de las compañeritas mayores.
Madre Dolores , prendiéndome en el uniforme el botón de alumna sobresaliente.
Esos primeros años en el colegio de La Consolación fueron felices, mis años más felices de colegio, no sospechaba que la consecuencia del aumento de matricula iba a ser que me inscribieran en otro tipo de escuela , una escuela en la cual iba a sufrir mucho.
El shock de asistir a una clase de escuela que mi orgullo de alumna de La Consolación me había hecho siempre despreciar: marchando en nuestras azules filas, en procesión hacía la iglesia, siempre era posible tropezar con alumnas de colegios públicos e instintivamente despreciaba sus uniformes indecorosos, sin línea roja bordeando los blancos cuellos ( como nosotras) sus burdas medias ( o ausencia de ellas) a gran distancia de nuestras largas medias marrones alzadas hasta la rodilla; cuando las arrollaba hacía abajo, en días de clase, siempre alguna hermana nos daba la imperativa orden de volver a estirarlas.
Ya nunca tendría la oportunidad de usar el uniforme de gala; había abrigado la esperanza de que en algún momento me lo pudieran comprar y entonces poder contarme entre las filas de vanguardia en las cuales iban sólo las alumnas vestidas con el azul de gala y no marchar en la última fila con el uniforme de diario.
Colegio de Barcelona, colegio de mi infancia, en una ciudad donde el sol quemaba y el mar a lo lejos nos hacía sentir su presencia.
No asistir a la iglesia los domingos con el grupo del colegio, convertirme en una anónima alumna de colegio público en el cual no se acostumbraba ese tipo de solemnes actividades. ¡Qué humillación tan dolorosa! La armonía del cosmos quedaba destrozada, no existía orden ni justicia.
¡Que intenso espanto por haber salido reprobada “quebrada” en ese trimestre o mes ( no recuerdo cual era el cronograma de actividades que se aplicaba entonces). Fuerzo a mi memoria a recordar como escondí la boleta debajo del colchón de mi cama y como viví días de intenso terror por temor a la pérdida del año de estudio. En casa una situación como esa era inconcebible, era causa de rechazo y de drástico castigo: no volver más al colegio y quedarme trabajando en casa ayudando a mamá en las faenas diarias. Ya un hermano había pasado por una situación similar y aún subsistía la leyenda de ese hecho abominable y del ejemplar castigo impuesto.
Ser la quinta de siete hermanos no es fácil , con demasiada frecuencia se ve una condenada a ser invisible; si fracasaba en
los estudios, lo único que me hacía merecedora de atención, mi vida hubiese resultado totalmente intolerable. Pensé en desaparecer, lanzarme por el puente por el que atravesaba camino a casa ¡cualquier cosa para no presentarme portadora de tan degradante noticia!
Por eso, desesperada, me dedique a estudiar hasta que me aprendí de memoria esa lección sobre el petróleo que me valió la esperanzadora felicitación
Ese año mordí a solas mi impotencia, mi honda nostalgia por mi antiguo colegio, por la madre Dolores, por mis largas medias marrones a la rodilla y por mi hermoso libro de tapas rosadas: la Gramática Española que me había sido comprado a comienzo del año escolar. Debía estudiar en otros libros.
Años después, en bachillerato, volví a mi colegio pero ya no era el mismo de antes: no estaban mis antiguas compañeras, no estaba la Madre Dolores de mis primeros años, esa Madre Dolores, huidiza, que no consigue mi memoria fijar con nitidez, pero cuya imagen subsiste en mi corazón profundamente, tan hondamente que no recuerdo pormenores pero sigo reverenciando su recuerdo aunque Borges diga: “ los recuerdos nos traicionan, nunca la memoria atrapa el suceso tal como sucedió”
Regreso a Payton Place
Norma Romero
Regreso a Payton Place
Dejé a Allison escribiendo sus primeros artículos para el periódico local y hoy, la vuelvo a ver caminando por esas calles, camino al periódico, con la brisa acariciando su rostro y con su mente fantasiosa repitiendo, con deleite, su propio nombre: Allison, Allison.
Me brotan lagrimas, casi de compasión y recorro las páginas de Las Ilusiones perdidas de Balzac; recordar a Allison es como extraerme una bala plateada del centro del pecho, del corazón que es la eterna diana.
Ya han pasado muchos años, pero aún conservo la memoria de esa casa, con su baja platabanda, de las siete cuadras que andaba ella, incluyendo la plaza, semidesierta a esas tempranas horas y del sol que le requemaba la piel, camino del trabajo. Recordaba esa pequeña ciudad con colores como de tecnicolor, y ahora sé que siempre estuvo cruzada por venenosos chismes y mezquinas sospechas.
Hoy, contemplo sus edificaciones, resplandecientes de violencias de todo tipo, es lo que se ocultaba bajo aquella capa, de tranquila aceptación y tolerancia, que encubría ¡tantas! Turbulencias humanas que en aquella época Allison no podía percibir.
Pienso que si actualmente ella leyera su propio diario, cuando se vivenciaba protagonista de Servidumbre humana, se sentiría totalmente incrédula de que hayan podido germinar en su ser, sentimientos tan intensos por un desconocido, a quien atribuyó características que quizás podrían encontrarse en otra dimensión no terrenal. Actualmente, como adulta hablaría de detalles.
Pero, cuando reviso su diario, encuentro:
“!Detalles! resulta irónico hablar de detalles cuando se trató de algo que hizo estallar mi ser, ¿Cómo evaluar la intensidad de un desengaño? Lo profundo de una desesperación y la aberrante alegría en la desesperación”
¿Deberé alegrarme porque ya Allison haya desaparecido?
No sé, y no dejó de interrogarme: ¿Por qué, en ocasiones, tropiezo con su fantasma?
viernes, 7 de julio de 2017
Esplendor en la hierba
Norma Romero
Esplendor en la hierba
“Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de la gloria de las flores, no debemos afligirnos porque la belleza subsiste en el recuerdo”.
Estas hermosas palabras del gran poeta Willian Woodsworth me hicieron recordar, nuevamente, la temporada de juventud en la cual conocí a Raúl y el apasionado amor que sentí.
Nunca me había permitido hablar de ese período, tan solo ahora, que me inunda la visión de que nada puede preverse, que constantemente se reforman nuestros ciclos entregándonos a un futuro imprevisto, que no debemos aferrarnos a ningún giro del pasado y que no es necesario atormentarse ni sentirse confundido por lo que se escapa aunque se trate de nuestra propia fuga.
En ninguna de mis cavilaciones de esa época, hubiera imaginado que al dejar de ver a Raúl se estuviera decidiendo mi destino amoroso. ¡Raúl! Y, nuestras discusiones oscurecidas, adrede, por el uso de retorica literaria. ¡Raúl! Atado de manera irrevocable con la única persona con quien podía vivir: él mismo; su pasión por las ideas era mayor que su pasión por las personas, incluyéndome; pero, me digo corrigiendo a Proust: El amor es una suerte de magia, como la de los cuentos, contra la que nada puede hacerse hasta que cesa el encantamiento.
El Amor, un sentimiento que nos atrapó, casi estrenando juventud, sobresaltados y sorprendidos en medio del delirio y agitación estudiantil.
Aún existe el Buda negro entre los tomos de diferentes colores que se aprietan en mi biblioteca: Anais Nin, Cervantes, Rimbaud, Baudelaire y sus Flores del mal, Kavafis, Thomas Mann, Balzac y cientos más, que ahora, en el atardecer de mi vida, arrastrada tardíamente, por la vorágine que vive el país, voy releyendo y gustando cada página con diferente comprensión, pero el significado del Buda persiste, fue el último regalo de Raúl y lo he conservado a través de las mudanzas y de los años.
domingo, 2 de julio de 2017
Psicosis
Norma Romero
Psicosis
Yo escogí mi destino- resulta irónico decir que lo escogí- en el hogar de Vela oloroso a jabón azul y a comprensión; Vela me mostraba figuritas recortadas de viejas revistas y me empujaba a escoger las que más me gustaran; también me enseño a dibujar los números utilizando palitos de fósforos, a discurrir y también el 0valor de la lealtad.
¡La escuela donde cursé la primaria! ¡Qué angustia no poder encontrarla! En el sitio se levanta, actualmente, un enorme edificio marrón, unos metros más allá persiste el puente sobre el sucio rio; lloré sin lágrimas pensando en Manuel y en mi memoria tardíamente recuperada. Abrazada a mi nostalgia recorro esas calles entonces inmensas y que ahora resultan tan pequeñas y estrechas; Recuerdo mi blanco guardapolvo de colegio, la fatídica iglesia, las películas mexicanas de los sábados y mi quemante amor.
El tiempo se tiñe con todos los colores del arco iris; llueve y siento la lluvia golpear el enrejado ventanal; en una noche como ésta fue que comencé a sentir los pasos de Manuel, esos pasos que recorriendo incansablemente el suelo de mi departamento comenzaron a conducirme al insomnio. Se objetivó la culpa me afirma este inexperto doctor; son palabras que nada le dicen a mí corazón, en el cual, múltiples senderos se bifurcan.
Al principio sentí una estupefacta alegría, pero después lentamente, muy lentamente, fui descubriendo que no se trataba de un reencuentro sino de una refinada venganza: su caminar nocturno me atormentaba; noche tras noche sus pisadas, incesantes, lentas, monótonas, me fueron impidiendo el descanso.
No logró determinar si Manuel tenía 22 o 26 años, solo sé que me enamoré locamente de sus ojos, moteados y siempre brillantes, como las lentejuelas. Aún no se le perseguía políticamente y cumplía sin dificultades sus tareas de vendedor de seguros y estudiante universitario; hicimos gran amistad y entre continuos encuentros me fue iniciando en el auténtico cine y en la buena literatura, sustituyendo paulatinamente las novelistas de Corín Tellado por El Gran Meaulnes, El Conde de Montecristo y toda una serie de espíritus sensibles.
Cuando murió acribillado no lo acepté y con la urgencia con la que fui enviada a estudiar a la ciudad donde residían mis tías... ¡nunca tuve la oportunidad de abordar esa muerte!
Cada vez que le habló de las pisadas al psiquiatra, éste pone cara de escepticismo; trata de no dejarlo traslucir pero yo me doy cuenta perfectamente de su expresión; le hago notar que disparé a alguien muy real y que solo por consideración el escándalo fue acallado; silencio, solo silencio del otro lado del escritorio.
¡La pequeña ciudad calcinada por el calor y el miedo! y ahora este hombre de bata blanca acostumbrado a las perversidades humanas insinúa que soy inocente...pero... ¡nadie es inocente! Eran tiempos de dictadura, solo tenía doce años y cuando el oficial me interrogó, lo dije: había visto a Manuel entrar a la iglesia...
No me importa permanecer aquí, encerrada. Hablo desde la vieja casa de Vela, la casa de mi infancia que me ha acogido desde el naufragio, desde sus caminos de piedra; el vetusto hogar de cuyas paredes cuelgan desvaídos retratos; desde esta casa, con el comedor vacío, donde todo indica que me he quedado sola para siempre.
El sonido y la furia
Domingo, 2 de julio
Norma Romero
El sonido y la furia
Anoche tuve un sueño dantesco que me dejó con mal sabor en la boca.: me encontraba en una amplia habitación desolada y contemplaba con gran furia a un anciano invalido en una cama de hospital; lo acusaba de no sé que falta, con mi espíritu nublado por el enojo y la rabia, e ignoro porque en ese momento de furia, desencadenada e intensa, y brilló nítidamente, un titulo: el sonido y la furia , y los ruidos que emitía muy enojado un idiota, un débil mental, según la descripción que de la situación hacía el autor.
Al despertar, sobresaltada y sudando, me levanté a tomar un vaso de agua y estuve reflexionando un buen rato, tal vez, en alguna situación, me habría comportado como una idiota, en el sentido de no estar consciente plenamente de mis actos, y actualmente estaba arrepentida; es posible, pero… no recordaba nada especifico.
Quizás, como bien dijo William Shakespeare : La vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia , y no significa nada
miércoles, 28 de junio de 2017
Juegos infantiles II
Norma Romero
Juegos Infantiles
¡Domingo! ¡Domingo!
¡Mañana es domingo!
Se casa la pipa con Juan barrigón…
Y continuaba en forma incesante la pegajosa canción, entre el rumor de muchos pies infantiles corriendo, por los patios, la sala, las habitaciones, culminando con los brincos sobre las camas que temblaban, chirriando sus muelles, por el terremoto que las sacudía.
“Juntos subimos las escaleras, en tropel,…pateando, empujándonos, para esperar el turno de entrar en el lavabo. Resoplamos, nos empujamos, saltamos sobre las blancas y duras camas” (V.Woolf. Las Olas)
En mis entrañables recuerdos, nos vuelvo a ver recibiendo sobre la piel_ sin temor a enfermarnos_ la tibia caricia de la lluvia que, en ocasiones, reventaba en el pueblo; y así mismo, nuestra afanosa actividad construyendo barquitos de papel, para contemplar como los ríos de agua, que surcaban las calles, se los llevaba, mientras cantábamos al mismo tiempo: “ Con la mitad de un periódico hice un barco de papel, y en el frente de mi casa va navegando muy bien…”
No se trata de: “Buenos días melancolía” sino de recordar un tiempo, donde, a pesar de que fuera ineludible el sufrimiento, también hubo alegría y vitalidad y un sano aunque peleón compartir.
domingo, 25 de junio de 2017
Extraterrestre
Norma Romero
Extraterrestre
Siempre había creído que era extraterrestre, y no como una simple intuición, sino como una certeza; luego el tiempo lo confirmó cuando clavada en un cartón, inmóvil, ante la mirada ávida del coleccionista… logró escapar batiendo sus alas fosforescentes.
El muchacho que siempre sacaba veinte
A un antiguo condiscìpulo
Norma Romero
El muchacho que siempre sacaba veinte
Ocurrió hace muchos años en la pequeña y calurosa ciudad de provincia donde transcurrió mi infancia y adolescencia; estudiaba en el Liceo y entre el grupo de 30 alumnos de todo tipo de mestizaje, destacaba ese muchacho por ser el único con esa piel tan oscura; tocaba guitarra y cantaba con voz melodiosa pero, en ocasiones, contestaba a cualquier broma con un hiriente sarcasmo; no tenía éxito con las muchachas que lo encontraban diferente.
Además estaban los celos y envidia de los otros compañeros: el muchacho siempre sacaba veinte en las evaluaciones tanto orales como escritas, destacaba en los ejercicios de gimnasia y era el último en cansarse; entonces lo tachaban de jactancioso y se decían en voz baja:” negro que no pretende no es negro”. Lo peor fue cuando se supo la noticia de que había ganado una beca para estudiar en la capital; se supo por los comentarios de los profesores porque él nada dijo; pero cuando a finales de curso lo llamaron y le dijeron que se preparara para inscribirse en el liceo Andrés Bello –uno de los mejores -porque ya se había hablado de su caso con el director de ese plantel; él declinó la oferta y solicitó que se la dieran a Andrés, un condiscípulo discapacitado cuyos padres lo iban a retirar del liceo por carecer de recursos …
Cambio de gobierno
Domingo,25 de junio
Norma Romero
Cambio de Gobierno
No pretendo imitar al Diablo cojuelo, pero he imaginado que levanto unos ciertos techos y contemplo las conductas de ciertos ministros, militares y civiles, cuando estén escuchando los resultados de las elecciones presidenciales.
Imagino sus rostros demudados y febriles, no creyendo en ese conteo; no están bajo la tortura y espionaje de las cámaras de TV, y así en la absoluta intimidad, podían dar rienda suelta a maldiciones y escupitajos., mordiendo su eterna y consustancial presunción
No deseo hablar de guerra, aunque parece que “Ahora todo es guerra”; me interesa hablar, imaginar, una justa limpia y democrática, sin villanos, en la cual se midan la poderosa energía de la convicciones y la fe, contra un otro cualquiera, pero, diferente.
Por ahora los héroes, los Inmortales, están peleando dejando su sangre en las calles, defendiendo nuestra bandera tricolor.
Ricordare
Sàbado,24 de junio
Norma Romero
Ricordare
Cantada por Gerard Depardieu
“Recordar es morir un poco, tú eso lo sabes, porque todo retorna aunque no lo quieras, y olvidar y olvidar es más difícil, cuando quieres recomenzar.”
Tarareando esa canción, Susana reflexionó sobre los misterios de la psiquis, porque la mente ,pensó, es una cámara que guarda las imágenes más horrorosas ,pero también, las mas rutilantes y hermosas. Un mecanismo que combina y combina continuamente pensamientos sentimientos y imágenes; un calidoscopio tecnicolor que siempre sorprende y maravilla.
Volvió a la noche anterior, oyendo a Bach, sintiendo la lluvia, los sonidos de las horas, sin desear presencia humana, solo percibiendo los fantasmas que salían de los rincones de su alma y poblaban la habitación, el espacio.
Noche, lluvia y Bach; noche, lluvia y Bach
Pueblan como niebla la habitación , niebla que se esparce y resbala sobre mis mejillas. No escribo y es llanto lo que aparece, lagrimas, dulces, sonatas, variaciones, y sobre la cómoda se confunden con las medias blancas, sucias de los quehaceres del día.
Las locuras más grandes las comete el amor, murmuro Susana, opaca la razón y volvió a sumergirse en la lluvia, Bach, y la niebla que ya cubría totalmente el aposento.
sábado, 6 de mayo de 2017
De, sobre Hèroes y tumbas
De, sobre Héroes y tumbas
Hoy, pido a mi imaginación que no se desboque; esa “loca de la casa”, al decir de Teresa del Ávila, me ha hecho pasar transidos ratos; en ocasiones acelera los latidos del corazón, al presentir felicidad o locura y en otras me muestra el oscuro y fatal rostro del miedo .
Porque, me ocurre, a veces, que siento a mi alrededor ese mundo subterráneo y de cloaca, tan bien descrito por Sábato en su novela Sobre héroes y tumbas, en el cual abundan cobardes emboscadas pero también resaltan rasgos de amor, valor y generosidad.
Ese universo, en ocasiones, se hace presente, en el azar de alguna conversación, y entonces, me obsesiono y vuelan múltiples interrogantes a pesar del espeso velo de lo, aparentemente , normal y rutinario.
Normal y Rutinario como la situación actual de este país, mi país
El espìritu de la colmena
Abril,2017
El espíritu de la colmena
Hoy he vuelto a ver la película El espíritu de la colmena del director Víctor Erice, y me volvió a resultar tan hermosa, pura y poética que me conmovió, sobre todo en estos difíciles tiempos. El escenario esta situado sobre el trasfondo de la postguerra civil española, pero tratada sutilmente, bellamente, sin penosas escenas de odio, sangre y muerte.
La Muerte esta omnipresente, pero tratada a través de la mirada, inocente e indagadora, de las dos niñas protagonistas y la presencia de la “Criatura”, el eterno Frankenstein, el monstruo de Frankenstein.
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