domingo, 5 de mayo de 2013
Una Carta
¡Hola mon ami Te habla tu corresponsal desde Maturin, la ciudad desbordando de mango y Doriana durmiendo; intrigado te preguntaras ¿Quién es Doriana? así que tengo el placer de presentarte a mi unigénita sobrina, a quien nadie ha querido ponerle ese bellísimo nombre con el que había querido bautizarla; el nombre real no te lo diré: es demasiado común. La niña es fuerte y espartana (la prueba es que ha sobrevivido a mis cuidados). Nació un lunes con luna llena bajo el signo de géminis; movimientos gatunos al estilo Mata Hari, preparándose para futuras seducciones y para que nadie la odie (por ejemplo, yo) por los sobresaltos que pueda ocasionar. A la madre hubo que hacerle cesárea, así que lánguidamente aprovecha para dormir y embellecerse mientras que esta hermosa joven vela.
Entre interludios de biberones y cambio de pañales trato de seguir escribiendo; he descubierto que mis dificultades provienen de que no tengo nada importante que decir, y así como buena geminiana me limito a transcribir impresiones: descubro cosas cotidianas, desde la interesante aventura de cepillarme los dientes hasta seguir paso a paso las elecciones de Centro de Estudiantes del liceo de aquí (cerca viven los pequeños y ardorosos lideres). También averiguo los nombres propios de cada brizna de hierba que crece alrededor; ¡No se puede excluir de Maturín la vegetación! Leí tu largo relato en Imagen, es bellísimo y me acomplejo toda.
He estado recorriendo las localidades cercanas, como por ejemplo Caripe; tiene una pequeña iglesia dulce y rosa (donde posiblemente solo entren turistas como yo).Salvajes flores blancas floreciendo en cada huerto, miles de pequeños ríos cruzando la ciudad y crece agresivo el berro por lo que todo el mundo tiene una piel durazno-melocotón. Por supuesto que no se ausenta el modernismo: multitud de automóviles descapotables, canciones inglesas y adolescentes distorsionándose bajo la música de moda. No falta el dispensario y plantaciones de café y naranjales (descubrí que el café no es originario de América y que los árboles de naranja son arbustos).Me distraigo en filmar esos exteriores para futuras narraciones. Para que te burles un poco como siempre, debes saber que no resistí la tentación de comprar un pequeño cofre labrado de la India de madera fuertemente olorosa; se lo compré a un señor que vive realizando grandes viajes al estilo de Simbad el Marino; románticamente servirá para guardar mis cartas y recuerdos, mientras tanto lo utilizo para Doriana y así guardar su acta de nacimiento y medallas. También adquirí mi buda, es barato, negro y reina entre libros de tapas rojas (me encanta la combinación de colores).
Carmencita me escribió y me dijo que estuviste a un paso de la muerte, con gran parpadeo de pestañas y escaso brillo esmeralda en la mirada; espero que todavía vivas para leer esta epístola; También le estoy escribiendo a Carmencita, quien me hizo una larga carta al estilo de Shakespeare y un leve tinte humorístico, recomendándome apuestos caballeros como antídoto para cualquier melancolía que pueda aflorar en este ardiente paraje.
Hace calor pero ya llegaron las lluvias, afuera se oye un trote de caballos y existe una leyenda de que un hombre que murió dueño de un caballo y que en cada madrugada lo saca a pasear. Ruedan los mangos entre la bosta y la lluvia y es un buen olor…el llanto de Doriana ya son las doce de la noche y reclama su alimento nocturnal…
Ya volví, ninguno de estos trajines me ha convertido en una esbelta ninfa, mi cuerpo soporta impávido e indiferente todos estos trajines; ni siquiera con las violentas peleas que en días anteriores sostuve con el grácil portero del hospital, (donde nació Soriana) que con su actitud prohibitiva paranoide casi nos enfrento en un duelo mientras cientos de personas curiosas y divertidas miraban sin que a nadie se le ocurriera intervenir en mi defensa.
En estos días se me ocurren brillantes pensamientos filosóficos sobre el enigma de la vida que no me interesa en absoluto descifrar; si tuviera dinero me dedicaría tan solo a observar sin esperar nada como lo he venido haciendo los últimos meses, cada vez más cerca y más lejos de mis semejantes; mientras encuentre belleza me sentiré bien.
Ahora consumo un fuerte vino de uvas el más apropiado a estos climas y a los familiares acontecimientos. Pronto volveré a Caracas, no se me olvida que pertenezco allá, es algo que no alegra demasiado. Ahora no ando de rudas botas, se me olvidaron en mi vieja habitación; a veces saltando charcos las he añorado. Con disciplina de escolar trato de ejercitarme en relatos, quizás me atreva a enseñarte alguno, pero no muy pronto.
Ya me despido tal vez estés allá embebido en las luces de la ciudad que aquí parpadean lejanas; Todo lo opaca el faro del aeropuerto que desborda sobre mi por la noche. Todavía es luna llena (me he informado pacientemente sobre las diversas fases de la luna, cerca existe una anciana especialista en eso) y es el instante preciso de decir by.
Me hubiera gustado despedirme en francés pero no tengo aquí el diccionario.
Lucy
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