jueves, 15 de febrero de 2018
Un festin
Norma Romero
Un festín
Anteriormente, en mi juventud, nunca pude creer que la vida fuera maravillosa, un “festín”, pero si pensaba que los poetas estaban dotados de una sensibilidad especial y que eran seres exquisitos, pero esas creencias se fueron derrumbando al ir descubriendo y constatar, que podían ser tan perversos y mezquinos como cualquier persona identificada con tales rasgos.
En general soy muy lenta en caer en cuenta de las cosas y estoy llena de normas interiores que actúan como un freno sobre mis inquietudes y pesares, así que mis amargos descubrimientos sobre la personalidad de algunos poetas, en lo que me atañía, los realicé muy lentamente.
Hubo momentos en que me refugiaba en Dante y su Divina Comedia y murmuraba
“ En medio del camino de la vida/ errante me encontré por selva oscura/ en que la recta vía era perdida.
¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura/esta selva salvaje, áspera y fuerte/ que en la mente renueva la pavura! “
Entonces permanecía sumida en meditaciones que abarcaban el presente y el porvenir y a veces me sorprendía la noche, con los ojos llenos de lagrimas, angustiada por entrevistas visiones tratando de elaborar, con los rayos de luna, una poderosa coraza de plata para protegerme.
También recaía en el sentimentalismo y leyendo en El ruiseñor y la rosa el sacrificio del noble y pequeño ruiseñor, dicha lectura me hacia advertir el espacio que podía existir, todavía, en el mundo para los sentimientos nobles.
Si, la vida no es un “festín” pero existen momentos, situaciones, sentimientos, y acciones rescatables.
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