martes, 10 de agosto de 2021

Confesiones de un psicótico


Norma Romero

Confesiones de un psicótico


La verdad es que nunca estuve seguro de mi sexo, a pesar de los exámenes médicos a los que me sometí debido a mi obsesión por tener alguna certeza sobre mi organismo. Cuerpo y no organismo diría Lacan.


También debo decir que siempre me han considerado un tipo raro: ni hetero, ni homo, ni trans, ni un legendario hermafrodita, ni ningún otro adjetivo propio de esta época de fácil modificación del organismo: hormonas, cirugías,  trasplantes y más  yerbas, además de terapias tipo budismo zen; aquellas en que  un maestro iluminado te da un mazazo en la cabeza y obtienes la iluminación y certeza que persigues.


¡Un tipo raro!, El epíteto me lo han arrostrado a la cara, empezando por mi propia familia, lo que ha generado  mi búsqueda de explicaciones, fallidas, al tratar de explicarme el porqué. 


Quizás, por no ser chatearmente sociable y  negarme  a conversaciones banales sobre los desvaríos y charadas de los políticos al cuarto; o a aquellas, propias del mero macho, es decir a no largarme a hablar sobre las mujeres y la manera más rápida de acceder a su sexo y al esperado goce y lujuria, sin olvidar la mágica pastillita que  soluciona cualquier temido fracaso.  O extasiarme con los videos donde, al compas de la música, atractivas y sensuales féminas mueven de manera vertiginosa sus rotundos, gigantescos y magníficos traseros. No voy a negar, que, a pesar de  mi  neutra y sesuda observación algo se me  comienza a erizar, ahí,  abajo.


¡Raro! porque a los dos tragos me enredo en una charla sobre la Gran Iluminación que prescinde de los cuerpos y  otras ocurrencias que se van hilvanando en mi frenético delirio. 


Una vez hasta me enamoré de mi imagen en el espejo y por ello siempre porto un espejito en el bolsillo.



Agosto, 2021


No hay comentarios: