jueves, 29 de julio de 2021

Cartas a un joven poeta



Norma Romero

Cartas a un joven poeta


  París,  17  de febrero de 1903


Distinguido señor mío:


  Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza.  Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica.


No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices.  Las cosas no son todas tan palpables y decibles como  nos querrían  hacer creer  casi  siempre;  la mayor parte de los hechos son indecibles,  se  cumplen  en  un  ámbito  que nunca ha hollado  una  palabra; y lo  más  indecible  de todo  son  las  obras  de  arte,  realidades  misteriosas,  cuya existencia  perdura  junto  a  la nuestra,  que  desaparece.


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Pregunta  usted  si sus versos  son  buenos  Me lo pregunta  a  mí.  Antes ha preguntado  a  otros.  Los envía usted  a  revistas.    Los compara  con  otros  poemas,  y  se  intranquiliza  cuando  ciertas redacciones  rechazan  sus  intentos.  Ahora  bien  ( puesto  que usted  me  ha  permitido  aconsejarle ),  le ruego  que  abandone  todo  eso.  Mire  usted  hacía  fuera,  y  eso,  sobre todo,  no  debería  hacerlo  ahora.  Nadie  puede  aconsejarle  ni  ayudarle,  nadie.   Hay  sólo un  único  medio.  


Entre en  usted.  Examine ese  fundamento  que  usted  llama  escribir;  ponga  a  prueba  si  extiende  sus  raíces  hasta  el lugar  más  profundo  de su corazón;  reconozca  si  se  moriría  usted   si se le  privara  de  escribir .  Esto,  sobre  todo:  pregúntese  en  la hora  más  silenciosa  de  su  noche:  ¿ Debo escribir?  Excave   en  si  mismo,  en  busca  de  una  respuesta  profunda.  Y  si  ésta  hubiera de ser  de asentimiento,  si  hubiera  usted  de enfrentarse  a  esta  grave  pregunta  con  un  enérgico  y sencillo   debo,  entonces  construya  su vida  según esa  necesidad:  su  vida,  entrando  hasta  su  hora  más  indiferente  y  pequeña,  debe ser  un  signo  y  un  testimonio de  ese  impulso.   


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              Con toda cordialidad y simpatía 


                                     Rainer María Rilke



En este mayo 2021, vitalizo mi alma  releyendo a Rilke


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