viernes, 1 de septiembre de 2017
Ensoñacion
Norma Romero
Ensoñación
Pocas veces he estado disponible para la esperanza, sin embargo, una vez creí que el tiempo se había detenido sobre aquella ciudad de mi adolescencia poblada de utopías; la recordaba como en un sueño y cuando me visitaba el temido insomnio, le agregaba detalles nunca vistos e irrumpían intensos deseos de volver; entraba en ese ensueño y flotaba como el dios del Génesis sobre las aguas dando a cada elemento un nombre.
Luego en el acaecer del tiempo se fueron desvaneciendo los ensueños y cuando me llegó la noticia, trasmitida por algún familiar, de que, al parecer, Alfredo había fallecido; había pasado casi medio siglo y lo único que surgía nítido en mi memoria al volver a oír pronunciar su nombre, era su piel espejeante como un sol oscuro y mi casi absoluto desconocimiento de su persona., responsable de que le achacara inverosímiles leyendas
Sin embargo, reviviendo la historia, algo profundo murmura que fue alguien importante para mi, y vuelvo a sentir la humedad de aquellas lagrimas cuando supe, un día cualquiera, de manera fortuita, de su casamiento, y durante semanas me atenazó un sentimiento, que en ese tiempo, no alcancé a dar nombre; Sólo una vieja pariente había, acaso, penetrado en el misterio, cuando me encontró postrada sobre el periódico, que contenía la noticia, murmurando frases entrecortadas sobre un sol perdido. Ese suceso dotó de cierta atmosfera de fatalidad ese tiempo.
Un tiempo que no se detiene, gira sin cesar y nos lleva adelante, siempre adelante; como mi fascinación por los caprichosos mensajes de las barajas, que siempre predicen un incierto porvenir y me dicen que ya nunca lo volveré a ver.
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