Norma Romero
Memorias de Valera
Tercera temporada ( continuación)
Prometí una continuación, pero, ahora, no sé como seguir, porque esa temporada donde me limitaba, fundamentalmente, a caminar de mi casa al hospital y viceversa, viene a presentarse como una estructura lacaniana, con un hueco en el medio, un agujero, un espacio vacío, que por más que lo intente no consigo rellenar. Un rompecabezas al que aún le faltan piezas.
Echando mano a la literatura para tratar de ilustrar lo que he bautizado como: “mi novela negra”, he revisado varios títulos de Poe, por ejemplo: “El tonel de amontillado, donde se desarrolla un tema en el cual predomina la venganza; pero venganza de: ¿Quién? y ¿Por qué? Sólo desempeñaba lo mejor posible mi trabajo atendiendo pacientes y además conocía muy poca gente.
Otro título, “El gato negro ,“ pero, en mi situación no hubo tal violencia física, sólo una maligna atmósfera de acoso psíquico; atmósfera contra la que no podía luchar, ni entender y que se prolongó mucho tiempo, luego de mi partida de la ciudad. Por el contrario, el joven Hans Castorp si estuvo consciente de que combatía en un guerra sin cuartel.
Veamos, ahora, otro título clásico de Poe: “ EL corazón delator”, aquí encontramos un toque de locura, crimen, culpa y confesión, por lo que se debe examinar con mayor detenimiento: ¿Qué ocurre en la psiquis de un individuo, preso de una particular obsesión, que lo lleva a matar a un pobre viejo indefenso, descuartizar el cadáver y esconderlo bajo las tablas de su cama? Locura, obsesión, crimen, culpa y confesión.
Por supuesto, lo relacioné con la situación que viví a lo largo de años y de la cual fui victima, aunque no estuviera mi cuerpo escondido bajo unas tablas, ni descuartizado. Se quiso descuartizar mi ética y moral.
Posiblemente se me pueda acusar de que mi relato resulta ambiguo y falto de detalles, pero, resulta así, por lo afirmado anteriormente; me refiero a que aún me faltan algunas piezas del rompecabezas; pero en este tramo de mi vida, solo me resta el asombro.
No dejo de asombrarme ante las torturas, los conflictos de todo tipo: físicos, sociales, psicológicos, que abruman la existencia humana por el mero hecho de existir. Pero, aunque el peso sea enorme, se deben poner en juego todos los recursos para seguir respirando y poder disfrutar de algún goce.
Eso espero, aunque la esperanza pueda ser vana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario