jueves, 29 de julio de 2021

Veinte años despues

Norma Romero

Introducción


Entre  la Guerra y la Paz siempre hay Repetición porque todavía existen los verdugos. También podría llamarse Crimen sin castigo, o, La historia de un complot o,  Las Madres de la plaza de Mayo; porque, como dice Nietzsche:  “ EL pensamiento es un asaltante, que viene en cualquier momento sin ser convocado”


Repetir, siempre  se debe repetir,  cada vez que  se encuentren victimas,   injusticia  y  violencia  contra la mujer


Veinte Años Después

No, no se trata de la novela de Alejandro Dumas (padre)  sino del sorpresivo encuentro de una víctima con su  verdugo, veinte años después, y de las emociones que la asaltaron ante la visión del ser de quien fue inocente víctima.


Lo tropezó en un pasillo cualquiera de la Universidad,  ya despojado de su brillante plumaje y  medio derrumbado sobre uno de los asientos de la hilera que se encontraba en el pasillo y   casi sintió lastima por ese anciano, derrotado por los años, que manchaba con su contacto una corona de laurel .


Lo miró directo a los ojos, ella siempre mira a los ojos.


La vejez es siempre respetable como cualquiera de las estaciones que componen la vida, pero sólo si se trata de una ancianidad no acompañada de una existencia  marcada  por una rutina de horror,  de indignidad y vileza 


Como el episodio protagonizado por él,    hace veinte años,  en un aula de clase, donde la  atrapó, torturándola durante 45 minutos, difamándola públicamente con falsos testimonios y grabaciones alteradas obtenidas a través de ilegal espionaje. Siempre protegido por su militancia que la había señalado como objetivo militar.


Quería despojarla de su dignidad,  llevarla al límite de la desesperación , una desesperación que la indujera a la muerte, al  suicidio. Un crimen perfecto que no levantaría sospechas.


Ella lo miró  directo a los ojos, no dijo nada


Los psicólogos afirman que los torturadores se hunden en una rutina de horror en las que hieren o mutilan a otro ser humano ajenos a los gritos y sufrimientos de sus víctimas.


Veinte años después, ella, la víctima,  exhibiendo ya un cabello encanecido, volvió a encontrarlo, de repente, en ese pasillo universitario y como antaño lo miró  directo a los ojos con una mirada luminosa que gritaba: ¡Estoy aquí!,  ¡Sigo en pie! ¡Como sigue en pie el país a pesar de todos los  verdugos que lo acosan¡



Mayo, 2021


Julio,2021


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